Sigue la reducción de personal en Clarín e Indalo Media cerró el Herald

En un país donde los despidos, vía el eufemismo de “retiros voluntarios”, y donde el desguace de medios parece ser moneda corriente, la avanzada contra los trabajadores de prensa se intensifica. El emporio Clarín continúa incrementando sus multimillonarias ganancias y aprovechando la vía libre que le otorga el Ministerio de Trabajo de la Alianza Cambiemos (PRO-UCR-CC/ARI) para achicar sin límites sus plantillas laborales. Lo mismo hace el holding que para la tribuna sería el adversario ideológico del oligopolio que conduce con mano de hierro Héctor Magnetto, nos referimos al Grupo Indalo de Cristóbla López. Un forzado conflicto que sólo existe en el show mediático que ambas firmas montan en los aires de sus señales pero no en los negocios, muchos que son cruzados y otros tantos en los que directamente son socios. Por nombrar algunos casos emblemáticos: Ideas del Sur y el Fútbol nuevamente privatizado.

La lógica comercial de “Tinelli conduce, López produce y Canal 13 pone al aire”, se repite en el análogo: “Fox Turner dirige, Cristóbal produce y Cablevisión transmite”. Está claro que nos siguen tomando por tontos, y lo peor es que muchos prefieren creer esas mentiras, quizás por miedo, tal ver por el engañoso criterio de “me pongo la camiseta del patrón y así mal no me puede ir”. A estas alturas ese axioma es insostenible, lamentablemente miles y miles de colegas creyeron ese sofisma y de todos modos terminaron en la calle.

Mientras la manipulación de Magnetto-López (y otros), con esta burda puesta en escena de La Grieta y la Polarización continúa con utilidades que aumentan día a día en niveles de audiencia que consumen kirchnerismo o macrismo explícito en TN o C5N, los seudoempresarios avanzan con su plan de ajustar lo que denominan “costos laborales”. Primero vamos con Clarín, donde sigue la reducción de empleos y ya se perdieron cerca de 400 en favor de la precarización, compartiendo la nota de Canal Abierto:

Por Carlos Saglul | Desde la asunción de Mauricio Macri a la presidencia, el Grupo Clarín recuperó su llegada al poder y eso se ve en los números: la fusión entre Cablevisión  y Telecom le permitirán controlar un negocio equivalente a 80 mil millones de pesos. Ni que hablar de su vuelta al negocio del fútbol, ahora reprivatizado.

Sin embargo, como el resto de los grandes multinacionales, mientras sus ejercicios siguen arrojando ganancias multimillonarias no deja de aumentar la productividad vía despidos y retiros voluntarios, aprovechando la inoperancia o en todo caso, la complicidad y simpatía del Ministerio de Trabajo con los ajustes patronales.

Cuando todavía están frescas las cesantías por el cierre de Artes Gráficas Rioplatenses (AGR) que dejó alrededor de 270 trabajadores en la calle, la empresa va por nuevos retiros voluntarios en el diario Clarín. Ahora les toca a los periodistas.

“El gran diario argentino” ya no es lo que era. Ahora el Grupo tiene mil cabezas que  asoman por todas partes, como la mitológica Hidra de Lerna, especialmente donde hay un negocio que le interesa: desde las telecomunicaciones hasta el agro.

La diversificación caracterizó el aumento de poder de fuego del Grupo que se extendió a radios AM y FM, canales de noticias y cables, más a una extensa red de emisoras y estaciones de TV instaladas en todo el país.

Los tiempos cambian y el diario es apenas un símbolo de los comienzos del Grupo, que para algunos es hoy uno de los socios más importantes del actual gobierno.

Francisco Rabini, dirigente del Sipreba (Sindicato de Prensa de Buenos Aires) y delegado de Clarín  señala a Canal Abierto que “en el retiro voluntario de 2016, que abarcó los últimos cuatro meses del año, se fueron 270 trabajadores. En todo 2016 entero se perdieron más de 300 puestos de trabajo. Este año estuvo tranquilo hasta ahora, que arrancó un nuevo retiro. Habrá que esperar para evaluar los resultados”.

El delegado gremial explica cómo la empresa justifica la constante reducción de personal: “Elige tomar a cada unidad de negocios como una empresa independiente. Es en ese sentido que toman los resultados financieros de AGEA (la empresa que edita los diarios Clarín, Olé, La Razón y otras revistas y negocios paralelos) como no satisfactorios. El diario pierde un 13% de su tirada todos los años, siguiendo los parámetros de una crisis mundial del sector. Y los trabajadores, lo sabemos, somos siempre socios en las pérdidas. Tal vez, más cuestionable es que durante las épocas de vacas gordas no hayan podido respetar la legislación laboral vigente. Tenemos operarios contratados por día como jornaleros que esperan hace 15 años una efectivización”.

-¿Cómo incide a tu entender la alianza de Clarín con el gobierno en esta nueva reducción de puestos de trabajo?

-Creo que en nada. Los retiros voluntarios son una negociación personal. Lo único que afectó el cambio de Gobierno es que con el anterior se necesitaban más “soldados”, dada la guerra desatada. Hoy los directivos creen que se pueden arreglar con un plantel mucho más reducido. Eso y la confianza de que, de producirse un conflicto gremial, el Ministerio estaría de su lado (con el anterior Gobierno existía la duda, tampoco es que Tomada nos daba una mano ni mucho menos).

-¿El “gran diario argentino” tiene hoy más poder que nunca o es un mito?

-Clarín tiene menos poder que nunca. El mito era que ningún gobierno se bancaba cinco tapas en contra. El kirchnerismo se bancó 3000. Además, dinamitó el capital intangible de un medio periodístico: su credibilidad. El slogan “Clarín miente” penetró en la conciencia de mucha gente.

Hace mucho que el diario dejó de ser la locomotora financiera del Grupo. Ahora es un mero cañón que defiende los otros intereses, aquellos adonde se genera realmente el dinero, que son los fierros: el cable, la telefonía, Internet.

-Lo que pasa con Clarín no es un caso aislado. Donde no hay retiros hay despidos. El mercado se reduce y los empresarios pretenden mantener ganancias en base a ampliar la productividad. ¿Hay alguna salida a este proceso desde la organización de los trabajadores?

-Coincido con esa caracterización. El problema es el modelo de negocios: ya no somos rentables. Entonces hay que bajar costos. Y en esa bajada de costos una de las primeras víctimas fue la calidad periodística. Para los que vivimos otra manera de hacer periodismo la actualidad es escandalosa.

No sé cuál es la salida. Nuestro mercado laboral se achica dramáticamente. En un mundo en el que los contenidos han pasado a ser gratis, nosotros intentamos venderlos. Nuestra profesión vive una transformación radical y nadie sabe qué hay al final del túnel. Nuestra responsabilidad es organizar la pelea para que los trabajadores seamos parte de la mesa en que se bosqueja ese futuro. Y no es fácil, porque ahí ya no están siquiera las burguesías nacionales. Ahí están sentadas las compañías más grandes e influyentes de la historia: Google, Facebook, etcétera.

-Las nuevas tecnologías, desde la planificación de las patronales, significan cada vez menos empleo. ¿Hay otra alternativa, como la reducción horario de la jornada?

-Hay alternativas. El problema lo tenemos en la correlación de fuerzas. Las leyes del mercado juegan en nuestra contra. Somos una carrera eternamente de moda con un mercado laboral del tamaño de la cabeza de un alfiler.

La demanda de laburo es mínima y la oferta descomunal. En ese contexto, las empresas imponen las condiciones que se las cantan, total siempre hay trabajadores dispuestos a aceptarlas. Sólo concientizando y organizando podremos equilibrar la balanza.

-¿Cómo es la práctica gremial dentro del Grupo? ¿Cómo se va edificando la organización de los trabajadores?

-Es difícil. La empresa tiene una historia muy agresiva hacia la organización de sus trabajadores. Nosotros sufrimos varias crisis, con despidos masivos y persecución gremial. En el año 2000 fue despedida toda la comisión interna y la junta electoral, junto a más de cien compañeros. Y eso nos costó 12 años sin comisión interna con un constante deterioro de las condiciones laborales. Hoy en día tenemos un diálogo cotidiano con la empresa, pero costó mucho. Y más allá de todos los logros, aún queda mucho. Tal vez el desafío a futuro sea poder conformar una mesa con las comisiones internas de las otras empresas del Grupo.

Por su parte, la peor noticia llegó. Después de los 14 despidos encarados por Indalo Media en octubre del año pasado en el Buenos Aires Herald, cuando además Cristóbal y su empleado De Sousa decidieron convertirlo de diario en un semanario, ahora la publicación fue directamente desmontada. Más empleos que se pierden en nuestro sector que acallan voces, van en pos de un discurso único violando el principio constitucional a gozar de plena Libertad de Expresión para que los ciudadanos reciban información veraz, plural, responsable y democráticamente.

El Herald, uno de las publicaciones más antiguos del país, con casi 141 años de historia, cerrará en forma definitiva luego de haber abandonado el formato diario en noviembre para convertirse en un semanario que también se publicaba en Internet, informó el director del medio.”Cierra el Buenos Aires Herald. En septiembre iba a cumplir 141 años”, expresó Sebastián Lacunza, director de la publicación, a través de Twitter.

El ex matutino, fue reconocido por haber sido uno de los pocos que, bajo la dirección de Robert Fox, publicaba información sobre las desapariciones y asesinatos durante la última dictadura militar.

La publicación había pasado en febrero de 2015 a manos del grupo Indalo, del empresario Cristóbal López, junto con Ámbito Financiero y El Ciudadano de Rosario, todos en permanente conflictos laborales. En octubre de 2016 los nuevos dueños comenzaron el desguace que ya es un hecho. Esto digo al respecto su último responsable, Sebastián Lacunza:

El Herald ha vivido tiempos difíciles pero interesantes

Con todos los cambios tecnológicos y la crisis en la industria, algunos podrían aventurarse a decir que, al igual que con los medios tradicionales, los periodistas son una especie en peligro de extinción. Por otro lado, hay quienes visualizan una era sin precedentes de democracia informacional en una base digital con una multiplicación exponencial de audiencias y fuentes. Durante más de una década ha habido una pronunciada dispersión en la rutina de recolección de información. Audiencias y lectores se han dispersado en la búsqueda de contenido gratuito en la Web, donde está disponible en abundancia, aunque con demasiada frecuencia es banal o directamente desinformación. Es por eso que los pesimistas creen que el cambio es irreversible o que la profesión tendrá que transformarse a sí misma hasta convertirse en irreconocible. E incluso los optimistas admiten no tener un modelo de negocio claro para hacer sostenible la multiplicidad de voces. No es casual que en muchos países esta crisis coincida con el papel de los medios de comunicación. En América Latina esto ha dado origen a un proceso en el que las organizaciones de prensa dejan de “informar” sobre lo que ocurre en el centro de la escena. Los gobiernos populistas o izquierdistas, surgidos de los desacuerdos políticos, han tendido a identificar a los medios tradicionales como su principal adversario. Un clásico de “la gallina o el huevo” pregunta, pero lo que está claro es que los grandes imperios de comunicación del continente han asumido el desafío de todo corazón. Ha habido un poco de todo. De las reformas legislativas modelo a las desviaciones de los gobiernos autoritarios – de la dominación abusiva de los grupos empresariales a los puntos de venta que han sido incapaces de resistir la embestida y se han doblado. En cualquier caso, los medios de comunicación han visto erosionado tanto su capital económico como su capital simbólico: las empresas se han perdido con márgenes de beneficios drásticamente reducidos, mientras que el protagonismo ha costado a algunos puntos su condición de jueces intocables e imparciales de la lucha. Las ondas de choque se han sentido en todo el mundo. Los periódicos de algunas de las principales capitales del mundo que fueron pioneros hasta hace unos años han cerrado y la radiodifusión pública ha reducido su alcance. Muchos medios izquierdistas han sido incapaces de aprovechar lo que podría definirse como una crisis sectorial del capitalismo, pero en cambio están perdiendo su propia viabilidad. Los periódicos conservadores no están saliendo mejor. Mucha agua ha fluido bajo el puente y la situación política en América Latina parece haber cambiado completamente, ya sea a través de líneas democráticas o antidemocráticas o por la prolongación de conflictos devastadores. Los nuevos gobiernos amigables con el mercado se están dedicando a curar heridas en el plazo inmediato. Las corporaciones no sólo están recuperando terreno, sino que ver horizontes ilimitados que se extienden delante de ellos. Un cruce se encuentra por delante. Por un lado, los gobiernos populistas, a pesar de sus declamaciones, no han logrado crear mercados de medios más diversificados y sostenibles. Lógicamente, los medios de comunicación públicos más politizados han cambiado su lealtad partidista de acuerdo con las rotaciones presidenciales. Todavía quedan algunos conglomerados privados que, en algunos casos, han demostrado no tener el menor rastro de vocación periodística, ya que se trataba simplemente de creaciones artificiales formadas para rastrillar la publicidad estatal o para defender a ciertos funcionarios. Por otro lado, las grandes corporaciones han lanzado para capturar nichos de negocios bajo la protección de los nuevos gobiernos. A su dominación del mercado de los medios de comunicación pueden agregar las redes de telecomunicaciones que les proporcionan la mayor parte de sus ganancias. El contenido de prensa, los satélites y la infraestructura de fibra óptica se concentran por lo tanto en las mismas manos, a través de las cuales la libertad de expresión es restringida o incluso comprometida. Una sorprendente paradoja en la “era de la información”. Todo esto ha sucedido y el Heraldo, ahora de 140 años de edad, ha vivido para contar la historia. Los últimos años no han sido fáciles, pero no hay nada de qué quejarse, ya que aumenta los niveles de adrenalina, haciendo nuestro trabajo más atractivo. Hubo quienes aspiraban a movilizar a los medios contra “grandes negocios”. En nombre de presumidas luchas épicas, se suponía que los periodistas abandonarían sus principios y permanecerían mudos ante la inconsistencia política, los ultrajes institucionales y la corrupción sistemática. Pero el otro lado también exigió la lealtad incondicional. Al igual que los generales que llevaban a cabo una llamada de sus tropas en medio de la batalla, trataron de demonizar a ciertos gobiernos en una sabia defensa de los sectores tradicionales. Sólo la crítica unidireccional era aceptable. No tiene piedad del enemigo mientras camufla amigos. La pérdida de cualquier noción crítica era tan grande que algunos artistas que habían coexistido cómodamente con la dictadura se encontraron repentinamente imbuidos de un frenesí libertario que denunciaba como autoritaria cualquier medida que los afectara. Un periódico debe todo a sus lectores. En el caso del Herald, la población anglófona de inmigrantes antiguos y nuevos, que quieren verse reflejados en estas páginas en toda su diversidad; El movimiento de derechos humanos que insiste en el respeto de su causa; La comunidad diplomática que aspira a leer noticias equilibradas y opiniones sólidas; Lectores extranjeros que confían en una honesta “traducción” de la realidad argentina; Maestros y alumnos de inglés que buscan leer y escribir bien escritos y agradables. Y muchos más, que nos hacen sentir optimistas sobre nuestro futuro. A todos ustedes, pedimos disculpas por nuestros errores. Y agradecemos a todos por su confianza.

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