La Interradial repudia el beneficio del 2×1 para los genocidas empleados del poder económico

Mientras los grandes holding comunicacionales entretienen a sus consumidores (la mayoría de nosotros) con Sampaoli y la selección nacional (escondiendo el negociado y la manipulación que se esconde detrás del fútbol), el vestido copiado de Juliana a la reina española al visitar sonriente al peligroso Donald Trump, la detención de Luis Miguel, las pavadas que circulan en Internet, y entre otras cuestiones, el tratamiento mediático y macabro de las tragedias en los cada vez más reiterados casos de crímenes de género, se oculta la madre de todas las desgracias.

Nos referimos a la desintegración de las capacidades deductivas mínimas propias de cada persona y de la mayoría de la sociedad en su conjunto. Esas a las que en el éxtasis de la alienación las han llevado a pensar que es lícito enloquecer o indignarse por no tener WatsApp pero no porque se haya otorgado, como si se tratara de un aumento del kilo tomate, el beneficio ilegítimo del 2 por 1 a criminales, secuestradores, torturadores, apropiadores y varias miserias más que violaron la Constitución Nacional, usurpando el poder del Estado nacional, para llevar adelante un plan macabro de genocidio fríamente organizado para imponer la desigualdad que hoy impera y se potencia en un país y un mundo donde pequeñas élites se apropiaron, no sólo de los bienes materiales, sino de la cultura, la educación, los medios de comunicación y en consecuencia del sentido común.

En este retroceso que remite, no sólo a los 12 años del kirchnerismo, al que algunos intentan vender como únicos responsables de este desastre, sino a más siete décadas atrás. La excusa para acumular ganancias en pequeños grupos en detrimento de las mayorías está tan bien ajustado que hasta el que es víctima de semejantes políticas celebra y hasta entiende que esos costos lo van a beneficiar en un futuro distópico, que por obvias razones nunca ocurrirá. 

Jorge Julio López está desaparecido en democracia desde hace más de 11 años y todo sigue igual, o peor. El homicida Etchecolatz podría volver a su casa y más de 750 asesinos podrían dejar las celdas gracias al regalo de la Suprema Corte, que en este caso ha administrado nada más que Injusticia. Así como hasta hace poco había una suerte de cadena que predicaba que todo lo que hacía el anterior gobierno estaba perfecto, ahora tenemos otra cismática que replica que todo lo que hizo esa administración, pero también la de Alfonsín, Perón e Yrigoyen estuvo desacertado.

La pregunta es ¿hasta donde más nuestra ciudadanía puede ser cómplice directo o indirecto de semejante retroceso?. ¿Hasta que los bolsillos estén absolutamente vacíos?, ¿o habrá reflejos para evitar otros desastres como los del ´30, el ’55,  el ´76, el ’89 y el 2001?. Este último, con el oxímoron de “que se vayan todos” para que no se vaya nadie, más que para reciclarse y volver con nuevas directivas para satisfacer los intereses de quienes solventan sus campañas, y por supuesto los de esa corporación política que como el camaleón es, predica y sostiene como razonable lo que le coyunturalmente le conviene. 

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