El peor 1ro de Mayo para los trabajadores de prensa y los de todos los sectores del país

Más allá de los números escalofriantes que dan cuenta que desde diciembre de 2015 a febrero de 2017 hubo en el sector privado y estatal, entre despidos y suspensiones, más de 249 mil personas que se quedaron en la calle, pareciera que pese a la gravedad de los acontecimientos aún no hemos tomado dimensión real de lo que está ocurriendo y lo que va a generar en el futuro inmediato.

Debido a la temible escalada de cesantías, los trabajadores de prensa realizamos una marcha histórica el 8 de junio del 2016 cuando los colegas que habían sido echados, según los registros que se podían chequear en empresas de comunicación convencional, es decir sin poder contabilizar los alternativos, eran más de 2500.

Llegado este nuevo Día del Trabajador, casi un año después, estamos en condiciones de decir que esa cifra se ha duplicado y un ejemplo claro es la trágica semana pasada cuando en 3 días se perdieron 60 puestos laborales de los que dimos cuenta en este sitio. Lo peor de todo es que según el panorama que se avizora estos números se van a seguir incrementando.

Esto queda claro debido a la ya innumerable cantidad de conflictos que se suscitan en firmas mediáticas que continúan ajustando, sin importar la línea editorial que bajen (negocios con negocios). Desde el Grupo Clarín con sus 380 despidos directos en AGR, más los impuestos retiros voluntarios, hasta los cesanteados en 360TV y precarizados en Radio del Plata del Grupo Electroingeniería, pasando por LN+ y El Patagónico de Indalo Media, como otros medios de ese holding, la política es aprovechar por parte del mal llamado empresariado nacional, la zona liberada que la administración de Cambiemos (PRO-UCR-CC/ARI) ha dejado abierta para achicar las plantillas de trabajadores a mansalva bajo un criterio de impunidad que no está garantizando el Estado de Derecho en la Argentina.

El resultado no es sólo aumentar lo índices de desocupación, sino disciplinar mediante el miedo a quedar desempleados a los pocos que aún mantienen sus trabajos, logrando un discurso único de apología a las políticas llevadas adelante por el poder de turno. Sin caer en la trampa de decir que todo lo que hizo el gobierno anterior fue positivo, una breve lectura de los editorialistas estrella de medios hegemónicos como La Nación o Clarín, desestiman todos estos índices que nos llevan a una situación de extremo peligro, y aseguran con justificaciones poco sostenibles en el tiempo cercano, que la imagen del actual titular del Ejecutivo nacional se ha revertido de negativa a positiva luego de su visita a los EE.UU. para recibir elogios del belicoso y xenófobo Donald Trump.

Lo que no debemos olvidar los argentinos es que esta película ya la vimos: Galtieri fue el “General Majestuoso” hasta que la coyuntura hizo que los propios norteamericanos le soltaran la mano, Carlos Menem fue bendecido en el vientre del neoliberalismo económico de la potencia del norte hasta que la soga se cortó, o se la cortaron, para pasar a ser un hombre al que no se nombra por cuestiones de tipo esotéricas, y en 2001 las circunstancias llevaron a George W. Bush a cortar toda fuente de endeudamiento a Domingo Cavallo, vuelto a las huestes estatales de la mano de Fernando De La Rúa, para llevarnos a otra de las grandes tragedias económicas y sociales de la Argentina.

En definitiva, esto ya pasó y se repite en esta oportunidad de manera acelerada y potenciada por la necesidad de una minoría de quienes manejan las altas finanzas por aumentar sus ganancias al corto plazo, y además garantizar no caer en el repudio retrasado de la misma ciudadanía que los apoyó con el voto popular. Nadie dice que la democracia o el gobierno de Macri esté en peligro con este esquema de opresión disfrazado bajo el lema de “decirnos la verdad”, que es funcional al contraponerlo con los errores del kirchnerismo, sino que lo que está amenazada es nuestra dignidad humana que se hipoteca en cada empréstito que este y otros gobiernos firman a nuestra cuenta.

Debido a todo esto, y por encima de cualquier apreciación político partidaria, que realmente no nos interesa desarrollar aquí para evitar lecturas erróneas o mal intencionadas, debemos ver los resultados del modelo de desigualdad, que a menor o mayor escala se sostiene década tras década con matices y categorías de malos y menos malos, pero siempre en detrimento de quienes producimos las exorbitantes utilidades de los que cuando tienen la oportunidad nos utilizan como variable de ajuste sin dudarlo un segundo

Es por eso que no decimos feliz día del trabajador porque en realidad no lo es..

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