Pablo Avelluto, el vaciador de El Gráfico, del Ministerio de Cultura, ahora va por el INCAA

Es evidente que el Ministro de Cultura de la Nación que eligió Mauricio Macri para acompañarlo en su gestión, Pablo Avelluto, tiene un modus operandi que viene repitiendo desde las épocas en que, después de ser elegido por sus propios compañeros, a quienes hizo creer que era un buen tipo, para ser el director gerencial de la relanzada revista El Gráfico en el 2001, la primera decisión que tomó fue dejar en la calle a entre 50 y 80 personas a las que traicionó sin empachos ni escrúpulos. Así lo contaban los mismos trabajadores en el sitio Argentina Indimedia.

Cuando fue puesto en el cargo e hizo lo mismo en la cartera que le dieron, el periodista Alejandro Wall escribió un tuit que daba cuenta de este pasado oscuro:

Ahora, con la avanzada similar que intenta llevar adelante en el INCAA con el despido de su titular, Alejandro Cacetta, las cosas se le han complicado y bastante. El propio Juan José Campanella, a quien nadie puede acusar de ser kirchneritas ni del Frente de Izquierda, salió a defenderlo. Algo que dejó en claro una burda operación que contó con la imprescindible colaboración del América TV de Daniel Vila, José Luis Manzano, y el acusado de ser testaferro gubernamental en el medio que roba para la corona, Claudio Belocopitt.

La completísima nota de Infonews, que pueden ver en este link, cuenta con detalles los entretelones que motivaron los carpetazos de Alejandro Fantino y Eduardo Feinmann en el programa que produce casualmente, el Coordinador de Hospitales Universitarios del macrismo, Juan Cruz Avila, hijo de Carlos Avila, ex propietario de TyC, precisamente quien motorizó a comienzos del 2001 ese relanzamiento fallido de El Gráfico, que Avelluto terminó de vaciar cuando padre e hijo decidieron arrojar el proyecto al cesto de basura. Devolución de favores que le dicen?

Quienes conocen a este vorgonzoso ministro dicen que el que mejor supo describirlo fue el escritor Fabián Casas para el diario Perfil. Por eso les compartimos el texto luego de que casi la totalidad del cine argentino saliera a bancar a Cacetta:

AVELUTHOR: EL TALENTOSO (Fabián Casas)

Pablo Avelluto es como el Terminator de la segunda película de la saga: cuando parece que está destruido, sus moléculas comienzan a juntarse en el piso y al rato, ¡zas!, ya está de nuevo en carrera, como Lopérfido y tantos otros. Como bien lo anuncia la Wikipedia de estos días, fue gerente de Random House Mondadori, jefe de Prensa de Planeta y ahora, antes de Cambiemos (vieron que los chicos en la plaza cuando juegan, para modificar el rol, dicen, “cambiemos”), se movía como coordinador de no sé qué cosa macrista en los medios. Para mí no fue necesario leer las encuestas: si Avelluto estaba en el macrismo, el macrismo iba a ganar; nunca está con los que van a perder. Yo lo conocí en 2001 en la época en que trabajé en Torneos y Competencias. El era un consultor y colaboramos junto a un equipo de periodistas para relanzar El Gráfico. Avelluto utiliza la misma técnica de los guionistas de Patoruzú para crear a los malos. ¿Se acuerdan? El malo en estas historietas es primero buenísimo, encantador, hasta que sobre el final se revela su verdadera cepa.

Los interesados pueden chequear sus tuits, donde minimiza la pasada dictadura y propone echar a los maestros que protestan por sus derechos. Pero no importa, Avelluto es un encantador de serpientes: es cool, le gusta la música sofisticada, pero también es de Boca para ser popular (ya anda diciendo en los reportajes, de manera genial, que su madre es cristinista, su mujer radical y sus hijos de izquierda; es decir, no tiene una familia, tiene una coalición). Y también la frase justa en el momento justo que siempre merodea en el oído de los que la tienen más larga. En esa época en El Gráfico nosotros lo propusimos como director gerencial de la revista y no bien asumió hizo una lista de despidos en la que estaban incluidos muchos de los compañeros que lo habían impulsado. Su ineficacia para gestionar es proverbial en el ambiente cultural. El macrismo parece elegir a sus funcionarios en la misma sintonía con la que las botineras eligen sus presas: que sea un gerente, que sea medible. De esta cantera salen Del Sel y la Nada y tantos otros. Ahora Avelluto está frente a un nuevo desafío. Espero que Dios y el Papa lo iluminen y que realmente haya cambiado, como el eslogan. Porque hasta que se demuestre lo contrario, haberlo puesto en el cargo de ministro de Cultura nacional es como proponerle a Jorge Rial la jefatura de la Side.

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